2025 ya se va
Fin de año, en el teatro y en la vida cotidiana
¡¡Qué decir!!
Cuando el fascismo regrese, no dirá”Soy el fascismo”
Dirá: "Soy la libertad" (Thomas Mann, 1940)
Mariángeles Sanz Vélez
Para Lunateatral2
El año termina, convulso, árido para la mayoría, con poca esperanza para el futuro; tan incierto a nivel nacional y a nivel mundial. No sabemos que pasará el año que viene, solo que este que se está yendo, lo hace como un tsunami económico, político, e ideológico. Las creencias, los ideales, hay que volver a explicarlos para saber de que estamos hablando. De los derechos ni hablar. Todos y cada uno hay que volver a defenderlos como si no hubieran existido nunca. La mayoría adormecidos, son mudos testigos de su borramiento social, y no dicen nada. Por las calles que recorro, en los medios de transporte que utilizó, el clima es de pérdida, de una empatía y una alegría que se sentía en el aire siempre y sobre todo en estas fechas y que está ausente. Es como si viajáramos dentro cada uno de una cápsula, de hecho los aparatos de música, con sus audífonos en los oídos, funcionan como tal, como una barrera invisible entre uno y otro pasajero, entre uno y otro caminante por calles llenas de gente, que no se habla, que no se mira siquiera.
Todo está atacado, y la cultura no es la excepción, es la regla, cada vez que un poder, de cualquier índole, porque el que tenemos llegó al gobierno por elecciones libres, quiere homogeneizar el discurso, tergiversar el relato, de quienes somos, y hacia donde queremos ir, a los primeros que arroja sus envenenados dardos es a los representantes de la cultura. Porque para muchos somos nada más que entretenimiento, pero parece que bastante peligroso, si pensamos en como siempre nos tienen entre ceja y ceja. Arte y ciencia, que tienen como condimento peligroso, la búsqueda y la experimentación, es mejor defenestrarlas ante una sociedad, que abrumada por lo cotidiano, no puede ver que el ataque a los dos, es un subliminal para atacarlos a ellos, dejarlos sin recursos legítimos de defensa y conocimiento.
Falta de trabajo o trabajo precarizado, una educación de baja proyección, donde lo tecnológico reemplaza o lo intenta al pensamiento crítico, y la información que reemplaza al conocimiento, es el panorama que asumimos como un presente constante. Como afirma Byung - Chul Han, en su texto “Infocracia” la digitalización y la crisis de la Democracia:
“ El nuevo nihilismo es un síntoma de la sociedad de la información. La verdad ejerce una fuerza centrípeta que mantiene unida una sociedad. Y la fuerza centrífuga inherente a la información tiene un efecto destructivo sobre la cohesión social. El nuevo nihilismo se gesta dentro del proceso destructivo en el que el discurso se desintegra en información, lo que conduce a la crisis de la democracia” (pág 73)
La mentira como convicción para la manipulación de la sociedad, pone en crisis el límite entre lo real y lo ficcional. En el teatro ese límite preciso, entre la verdad concreta en el referente, y lo real que sucede en la escena, pero que leemos como ficción, representación, juego, está atravesado también por ese fantasma de una información que lo abarca todo desde una mirada subjetiva que no miente en el orden de lo habitual, sino que declara ignorando la realidad. No se trata de dos opiniones opuestas, sino por el contrario se trata de no tener en cuenta la otra parte, de ignorar lo otro, imponiendo un discurso que en su desmesura crea otra realidad posible, adecuada a las esferas del poder, que se impone avanzando sin escuchar ningún relato que no sea el propio. La verdad en ese estado de situación muere como concepto que valida los hechos, porque en realidad estos son ignorados para imponer una ficción.
El teatro persigue la finalidad de exponer una verdad al espectador, desde siempre un despertar de la conciencia, una forma metafórica de advertecia o develación. Hacer desde la escena, la construcción de una herramienta para la reflexión sobre el mundo que nos rodea, desde cualquier poética, desde la comedia o el drama. Desestabilizar los lugares comunes, el sentido común instalado como premisa única. En nuestro presente, ese sentido común está atravesado por un exceso de información: contradictoria, falsa, en muchos de los casos, substrato necesario para hacer cierta la sensación de incertidumbre que nos acecha, más que nunca. Las redes sumergen al individuo en una maraña de mentiras y malos entendidos que evitan bucear en nosotros mismos, y en mirar con ojos escrudiñadores nuestro entorno; logrando que nos quedemos en la superficie de lo dicho, en una contradicción permanente entre el relato oficial y lo fáctico.
El teatro, más que nunca, debe alejarse de la narrativa de la información, para no reproducir acríticamente lo que ella nos aporta. Por el contrario, debe con las herramientas que dispone, desmantelar, utilizándola, su nefasto cometido, poniendo blanco sobre negro los mecanismos que nos llevan a la confusión generalizada, ponerlos en cuestión para sembrar una sana duda razonable, imprescindible, necesaria; sin olvidar el juego, el fuego dionisico que lo inició, fiel a sí mismo, y a su tiempo.
Bibliografía:
Chul- Han, Byung, 2021. “Infocracia” La digitalización y la crisis de la democracia. Buenos Aires, Argentina. Editorial: Taurus.
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